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Las chicas de Júnez

BITACORA DE ZARAGOZA

(Barquerito)

Nada como una memoria resbaladiza para ponerla a prueba y sanear neuronas. La del Somontano, a pie del hotel donde vivo, no es una plaza sino una glorieta. No es lo mismo.

(Enviadopor Ignacio Álvarez Vara). Hay plazas mayores y menores. plazoletas y plazuelas -mi barrio de Madrid es un surtido generoso de todas ellas- y, en cambio, glorieta implica círculo y jardín. ¿Sí? No estoy tan seguro. Acabo de pasar por la plaza de Roma en Zaragoza y juraría que es glorieta.

Otoño: los álamos ya empiezan a temblar. En el reencuentro con el jardinillo de Somontano me he rendido ante dos ejemplares notables: una palmera datilera sana y frondosa y un triste ciprés solitario. Las acacias y dos mimosas. Dos balancines de muelle para la infancia. Un perro amarillo y una moto.azul. Chirrían, El bar Capote, donde los de El Tato, parece cerrado por obras.

No he detectado cierres de comercio en la calle (de) Santander, espina dorsal del llamado Parque Roma. ¿Parque? ¿Por qué “parque”? La Cerrajería Española, una zapatería -de arreglar zapatos, no de venderlos- completísima, la charcutería de Magaña, que huele que alimenta -torreznos sorianos del Alma envasados al vacío, conservas de legumbre en frasco, piezas de jamón que se filetean-, el gimnasio, que ha cambiado de nombre, el mercadito donde brillan los melocotones de Calanda como paños sagrados de terciopelo bordado y las ciruelas Rossé (sic) que se dan muy bien por la vega del Jalón. Esta mañana, entre Calatayud y Morés, contemplé desde la ventanilla del tren las vides y los campos de frutales alineados perfectamente. Los ciruelos, sin hojas. ¿Rossé, tal vez? El porte del ciruelo en flor no es tan bello como el pelado.

Los pinos de la avenida Clavé resistirán el cierzo que sea, pero parece que las acacias no tanto. Están amarradas, hay vallas de protección. Los árboles de la isla de Roma están de gloria. En la puerta del comedor de la Hermandad del Refugio hacían cola a la una y poco unos cuantos. Supongo que en el de la parroquia del Carmen también. El sábado pasé por delante camino de los toros. Se te hace un nudo en el estómago y otro en la garganta.

Las hojas del pruno mudan de color en otoño antes de caer. Del granate rabioso al verde lagarto. Una rareza. En la glorieta de aquí debajo hay uno. La ventana me da este año a Moncayo y no al jardín. Más silencio.

Tenía yo La Ferroviaria, en Madre Sacramento, por una pensión de dudosa reputación. A solo cincuenta metros, una sexshop parece que famosa dentro de su género. Cerraron la tienda poco después de cerrarse el cuartel de la Policía (Armada) y ahora la vieja pensión es una VUT, Vivienda de Uso Turístico. Los ferroviarios se instalaron en Delicias, en la margen derecha de las vías, pero esa pensión, o lo que fuera,rompe la norma.

Un taco mexicano de ternera y cerdo picados en el Berlanga, dos porque estaba buenecito el primero, y una copa de Piérola. Café en el Teruel, que, diez años después, ha vuelto a abrir. En Santander. Remozadísimo. Gambas a la gabardina, que en Zaragoza son muestra de distinción. Se pinchan con un palillo largo. La fritura tiene que quedar dorada. Brilla.

Las chicas del antiguo Júnez mantienen su tienda de prensa y papelería a pesar de los pesares. ¡Qué simpatía! Compré el Heraldo casi a la hora de comer. La manifestación pro reforma del tramo de ferrocarril Valencia-Sagunto-Teruel de ayer fue masiva. Cuatro columnas en primera página. Casi todos los manifestantes, de Teruel. Los de Huesca y Canfranc han debido de tirar la toalla. Una pena ¿no?

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