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Otra vez el “Juli-Juli”

EN LÍNEA – PAMPLONA 7ª DE SAN FERMÍN. Jorge Arturo Díaz Reyes, VII 11 2019. La emotiva maestría de El Juli, quien cortó la única oreja. La rancia y visceral tauromaquia de Ferrera. La ineficacia de grandes estocadas. La insipiencia de Aguado y el juego generoso del encierro fueron las marcas de una tarde que dio para más.

El Juli y “Condor” el 5º

El Juli, reverdeció laureles en esta una de sus plazas epónimas. Otra vez el grito de guerra “Juli-Juli”. Ya no para premiar los arrojos de un mozalbete con ansias de figura. No, ahora para rendir tributo a una tauromaquia decantada por el tiempo, devenida en maestría pero que mantiene su pasión primigenia.

Condor”, el quinto, fue un encastado, noble y liviano toro, cuya cara le confería respeto. Fue a más desde las dos buenas y justas varas de Antonio Barroso. Uno por alto y de una vez, en los medios un molinete de rodillas. Que veinte años no son nada. Y de una vez las peñas (fogones julistas), a hinchar. Ocho tandas, de pata clavada, temple pulcro, mando suave, rima lírica y remates airosos fueron adueñándose del toro, la banda y la plaza entera. Toda ella centrada en la gran faena que llegó a donde debe llegar el toreo cuando es toreo.

A la imposición total de la voluntad humana. Al dominio absoluto del instinto. Sembrado en la arena, pasando repetidamente p´allá y p´acá y los dos circulares invertidos ligados en uno solo, y el tercero completo atado con un pase de pecho también circular no dejaron dudas. Todo estaba hecho. Pero la estocada completa, levemente pasada no mató y los dos descabellos impidieron la puerta grande. Con el segundo áspero, débil y soso el trato tuvo tino pero no alegría. Uno en hueso y estocada.

Antonio Ferrera, delicado y cierto con la capa. Maravilloso en ese viejo quite lalandino de la mariposa, desde el estribo con el cuarto. Veraz e imaginativo en su toreo natural de izquierda y derecha con ambos toros. Imponente con esa estocada recibiendo de largo al primero que se la tragó entera, forzando tres golpes de cruceta que se llevaron las orejas y la puerta grande. Y otra vez a recibir. Pero el metisaca volvió a negar la apoteosis. El saludo en uno y la vuelta al ruedo en el otro, premiaron cortamente dos faenas plenas de matices, evocaciones y significados.

Pablo Aguado, decidió caminar toda la tarde. Sereno, pero no afianzado tramitó sus dos faenas, la del malo y la del bueno, con distante, desligada y fría compostura. Pese al cariñoso recibo del público no quiso dar el paso adelante para desafiar a sus encopetados alternantes. Espada contraria ida y cruceta al tercero, y media con hemorragia bucal y tardanza al noble sexto. Saludó primero y luego lo silenciaron.

Los de Victoriano del Río, cinco negros y un castaño primero, Ligeritos de romana, excepto el primero, promediaron 534 kilos. Cinqueños el tercero y el cuarto. Corrieron, atacaron los caballos pronto, con decoro y llegaron al fin de las faenas embistiendo, proponiendo toreo e invitando a una tarde triunfal. Que no resultó del todo así porque no los mataron como lo merecieron. Primero, cuarto, quinto y sexto sirvieron las orejas en bandeja y ganaron palmas en sus arrastres.

Cuatro toros buenos”, dijo al final Ricardo del Río hijo del convaleciente ganadero. Tal cual, y tres faenas notables, las dos de Ferrera y la de El Juli. Para recordar.

FICHA DEL FESTEJO
Pamplona. Jueves 11 de julio 2019. 7ª de San Fermín. Sol y calor. Lleno. Seis toros, de Victoriano del Río Cortés, desiguales pero bien presentados y de noble casta.
Antonio Ferrera, saludo tras aviso y vuelta.
El Juli, silencio y oreja.
Pablo Aguado, saludo y silencio.

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