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Idola fori

VIÑETA 299
Jorge Arturo Díaz Reyes. Cali, abril 16 de 2019.

Como aficionado viejo he visto presencialmente a todos los “ídolos” del toreo en las últimas siete décadas, y si me preguntan cuál ha sido el mayor que conocí, diré sin ambages que Manuel Benítez Pérez “El Cordobés”. No el mejor torero, el más ídolo.

Mito, fenómeno de masas que copó las taquillas, rompió las barreras de la fiesta, trascendió la cultura y sometió el sistema. Relegando, allá y acá, íconos de una era privilegiada; Ordóñez, El Viti, Antoñete, Puerta, Camino, Curro, Calesero, Girón, Cáceres…

Gerardo Diego le rezó: “El Cordobés”, es el toreo al revés… en inglés, en danés, en pequinés, en volapuk y sin mover los pies.

Mísero huérfano de guerra, rebelde sin causa, desafío perenne, personalidad sin par, héroe de crónica, película y novela. Mezcla de verdad, ficción y artificio. Caló en el imaginario de una generación iconoclasta de por sí, que lo hizo su imagen y semejanza.

Los “ídola fori”, de la plaza, del mercado, fueron definidos en general como fantasías sociales, fugas de la realidad, productos verosímiles del pensamiento mágico, por Sir Francis Bacon. Hombre tan racional y paradójicamente idolatrado, que hasta le han atribuido las obras de Shakespeare, algunos incrédulos de que tanta genialidad pudiese habitar otra mente que no fuese la suya.

La idolatría es parte de la naturaleza humana, de su instinto gregario. No ha existido cultura sin ella; religiosa, política, deportiva, mediática, incluso científica. Y en el arte, donde lo sensorial prima sobre lo racional, el fenómeno aumenta. Cómo conmueven y se adoran los artistas Cuál sería la historia sin ellos. La del toreo en especial, arte biológico por excelencia.

Lo repiten muchos, no pretendo aquí descubrir nada, entre los factores causales de la decadencia, la falta de uno que remueva el hondo inconsciente colectivo hasta desbordar la razón, es determinante. Hoy, hay toreros de gran valía y técnica, pero no así.

El mercadeo y la propaganda, que nos hacen hasta fumar cancerígenos, comer tóxicos o votar por depredadores, no son capaces de fabricar por sí solos un ídolo torero. Está demostrado. Es indispensable la materia prima, la dura piedra en que lo talla el pueblo y esa ni se compra ni se vende. He ahí el problema.

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