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La cama del 303

BITACORA DE ZARAGOZA(Barquerito) Es el sueño de Morfeo. Te hundes como Arquímedes, emerges lo justo, cuatro almohadas de pluma, ocho horas seguidas en el paraíso. El silencio de Moncayo. Lluvia fina a las 7 y media. Fresco, no frío. No se oye a los pájaros. La nevera ronca un poco. La apagas.

(Zaragoza. Enviado por Ignacio Álvarez Vara)
Descorres las cortinas, entra al bies la luz de otoño. 9 de octubre. Ya era hora. El bufé del desayuno: hay kiwis y naranjas pelados en rodajas, melón y sandía en triángulos, melocotones, zumo natural -de naranja- y artificial de melocotones. Pan tostado de trigo integral pero de molde, tomate rallado -¿natural o mercadona?-, ajo para untar, charcutería -¡no, gracias!-, quesos fresco y curados, tortilla española, tarta de Santiago, un bizcocho casero de canela y pasas, bollería industrial -¡no, gracias!-, tes de todo color, café de máquina, leche entera, semi y desnatada, yogures de sabores frutales -¡no, gracias!- y también cero cero, sin grasas ni azúcares.

La mesa del bufé está impecable. Baja gente ruidosa. La pinacoteca del hotel se desmanteló en su día -ahora están encaladas las paredes de los pisos, y parecen de hospital comparadas con los golpes de color de antes, pero en el comedor se conservan las piezas mejores. Se oye tibia la radio de la cocina. Cuando se cerraba el turno del desayuno, entran una madre y una niña que acaba de aprender a andar sola y por eso su gesto de asombro feliz. Sola, yo sola. Apagan las luces.

El comedor está en el sótano primero. Un apagón teatral.
La calle de Santander recíén despierta, La cola de parados del Inem no es tan copiosa como la de los últimos años. Han abierto una tienda de toldos y otra de alimentación muy elocuente y servida. Conservas de Ondarroa, el caviar de esturión del Pirineo -¡soberbio!-, bacalao y congrio en salazón -el esqueleto del congrio es como un doble pulmón humano revestido de escayola-, fritadas en frasco, pochas, espárragos de Calahorra, puerros, dátiles, fresas y los llamados melocotones envueltos, que en el árbol se protegen del picoteo de pájaros golosos y llegan a la tienda vírgenes. Mangos y papayas, uvas pasas, chacina al vacío o al corte. Un colmado.

La colchonería se ha modernizado. En el escaparate de Eroski se venden viajes a Salamanca, Toro y Zamora en un mismo paquete y para el puente que viene. Hay ofertas para Praga y Estambul. La prensa del país viene tranquila. El concierto de Bisbal, decepcionante. La reunión de Pedro Sánchez y Lambán, un ya te veré. ‘¡Pero si queremos el tren ya….!

Las noticias tristes.No estaba Alfredo en el mostrador del Delfos esta mañana y pregunté a su hija por él. “Falleció la pasada semana”. Lo echaré de menos. Setenta y pico años. Su bar, su vida. Y no solo.La Cepa Dorada, en San Miguel, estaba cerrada con candado. Qué raro. Me acerco a ver el aviso: Víctor Peñaranda, el dueño, con su guitarra y su repertorio interminable de jotas, su cordial gracia guasona, su hermosa voz de tenor en falsete, murió el pasado domingo. No sé de qué. El funeral, mañana en Torrero.

La plaza del Pilar, castigada por las carpas, estaba desierta a las dos de la tarde. Entré en el templo. Descubri la lápida dorada del Arzobispo Doménech, con su texto en latín. Un paseo hasta Santa Cruz. Qué paz la del Praga, con sus calamares rebozados, y sus gambas en gabardina, y su banco corrido de madera como los de las salas de espera de las estaciones. Lo agradece la espalda.

El tráfico de Independencia, desviado. Hay que ir a Constitución para tomar el 22 rumbo a La Bombarda. Con parada en Santander. La cocina del Lac se empieza a quedar antigua. No es barata.

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