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El temple de Lorenzo

EN LÍNEA – SEVILLA 7ª DE FERIA. Jorge Arturo Díaz Reyes, V 7 2019. Las notas desatacadas de la corrida fueron la bravura del cuarto y la estética de Álvaro Lorenzo, quien dio vuelta al ruedo tras pinchar faena de oreja y saludó una ovación en el el quinto. Ginés recibió unas palmas en su primera faena y Pepe Moral se fue doblemente silenciado. Encierro de poca fuerza y menos raza.

Lorenzo con “Alambrico” el 5º. Foto: Muriel Feiner, www.burladero.tv


Los juanpedreños de El Pilar, cinco colorados y un negro, arrojaron 551 kilos de promedio. Recién cuatreños, excepto el primero que cumplía cinco. Bien armados, blandearon, mansearon, sosearon y emocionaron poco. Pero fueron reivindicados por un bravo cuarto que pronto y galopante desde los medios tomó dos ovacionadas varas, no cesó de acometer en larguísima brega, se fue ovacionado en el arrastre y no se cayó.

Pepe Moral, abrió la corrida con el único cinqueño. Manso y debilucho se aquerenció, dobló las manos repetidamente se rehusó y al final se paró del todo. Tras un pinchazo puso una espada suficiente. La gente con el paisano, pero callada. Y cuando saltó “Mirador”, serió, alto, astifino de respetable cuna, queriéndose comer el mundo. pensaron que venía lo grande. Atacó la capa con prontitud y codicia. Los siete lances de saludo aunque muy raudos electrizaron el tendido. No tanto por su ejecución sino por la fiera repetición de las embestidas. Con chicuelinas al paso y media verónica, el toro quedó de muy largo, en los medios. Y de allí, veloz como un misil se disparó al caballo de Juan Antonio Carbonell que le tiró el palo y puyó arriba dosificando el castigo. Todo se repitió de nuevo, chicuelinas, distancia trayectoria y certeza. La plaza estalló en una ovación compartida por el toro y el picador. Sin duda el mejor tercio de lo que va de feria.

El brindis a Padilla fue aplaudido en pie por la concurrencia que se olía un acontecimiento. Cuatro doblones por bajo y uno por alto a las afueras. Donde frente a frente se inició la batalla por el poder. Desde las cinco derechas en redondo y el de pecho se vio que la muleta no podía contener la torrencial bravura. Y la longitud de las tandas, y la permanencia en la zona de candela fueron a la baja. El ritmo y la velocidad de los viajes no hallaban acople ni autoridad suficientes. El bravo lo sintió, exigió más y se fue arriba insubordinado, imponiendo su real voluntad hasta la muerte. Un fierrazo tirando la muleta a la cara fue como la firma de una rendición. La ovación de tributo al arrastre sonó estruendosa, sobre todo por el contraste con el silencio sepulcral que la siguió.

El toledano Álvaro Lorenzo, regodeó la medio llena, o medio vacía (como quieran) Maestranza, con su postura, temple, compás, quietud y limpieza. Esta es la plaza para ese toreo. Los músicos lo refrendaron. ¿Qué se llevó el lote? No hay tal, el segundo era manso, tardo y soso pero la muleta serena convirtió en ventajas esas desventajas (quid del toreo). Acopló su tersura, lentitud y baja altura con los desganados paseos dándoles un contenido artístico y componiendo con ellos imágenes toreras. Las derechas, los naturales, los de pecho, todo con elegante sobriedad. Hasta después de la rajada vergonzosa, cuando impuso dos tandas finales. Una de circular invertido, derecha, cambio de mano natural y pecho y la otra de ayudado, trinchera y ayudado que proclamaron sus superioridad. Pero la punta dio en hueso antes de la buena estocada, la petición fue ignorada y la vuelta clamorosa.

No fue menos con el quinto, que a su vez no fue más que su hermano en sosería. Álvaro se alargó, quizá demasiado, en busca de la oreja perdida. Estoqueó de frente completo al tiempo con el aviso y saludó muy serio.

A Ginés Marín, se le cayó el tercero varias veces y caminaba manso, aburrido y aburridor el jerezano con su vocación de aseo distante, sacó repertorio sin efecto y lo estoqueó eficazmente. Le aplaudieron unos pocos. Con el estulto sexto trabajó hasta el cansancio. Lo logró, hizo sonar unos pitos en esta plaza que tiene la protesta por grosería. Pinchazo, estocada y al hotel.

Don Moisés Fraile no quiso ser duro consigo mismo. Dijo que le había gustado hasta el primero que blandeó y manseó sin compasión. La tarde deja solo tres recuerdos el gran “Mirador” y la ilusionante templanza de Lorenzo

FICHA DEL FESTEJO
Sevilla. Martes 7 de mayo de 2019. Plaza de la Maestranza. 7ª de Feria. Menos de medio aforo. Sol y viento. Seis toros de El Pilar, bien presentados, de juego dispar, destacó el bravo 4º “Mirador” ovacionado en el arrastre.
Pepe Moral, silencio y silencio.
Álvaro Lorenzo, vuelta y saludo tras aviso.
Ginés Marín, palmas y silencio.

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