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El ojo de dios

VIÑETA 311. Jorge Arturo Díaz Reyes. Cali, julio 9 de 2019.

Pamplona. Encierro en la Cuesta de Santo Domingo. Fotograma: RTVE

Como tanta gente, por estos días he estado leyendo a Youval Harari. El joven historiador judío quien con autoridad teologal escribe sobre lo divino y lo humano. Y aunque no lo hace directamente sobre muchos temas particulares, resulta imposible abstraerle ninguno, porque su asunto y título, “Sapiens” engloba todo cuanto nos atañe.

“Uno puede no estar de acuerdo, pero tampoco puede parar de leerlo”. Confesó Barak Obama coincidiendo con muchos otros lectores anónimos, yo entre ellos. Pues, aunque cuenta una vez más el viejo cuento del hombre, sin descubrir nada nuevo, su interpretación crítica sí es original, seductora y total.

Por supuesto la tauromaquia tampoco está tratada directamente. Pero a quien la tiene dentro de sus preocupaciones la encontrará entre líneas, casi que página tras página. El toro ha sido asunto del “sapiens” desde que tiene consciencia, imaginación y mito. Junto a la mujer fueron las primeras deidades. Lo recuerda con el antropólogo Mika Gimbutas, una de sus múltiples referencias bibliográficas.

Vida, muerte, instinto, potencia, fertilidad, sobrevivencia, necesidad de significado impulsando ese animalismo que ha marcado la historia. Quién más animalista que los taurinos. Cuál rito moderno le supera en edad. Qué cultura ha tenido mayor vigencia. Hay que ver nada más en directo por la televisión satelital, ubicua, en HD, la muchedumbre cosmopolita, multiétnica, multicultural, multicredo… correteando fervorosa los encierros por las calles de Pamplona.

Una forma mucho menos enajenada, menos ahistórica y perversa de relacionarnos con las otras especies (incluidas las vegetales) que la de pretender humanizarlas y atribuirles “derechos”, inventos nuestros que no han pedido ni caben a su naturaleza.

Y a propósito de transmisiones panópticas en directo, ejemplificadas en el fútbol y el esnobista “Var”, Harari señala que hoy los telespectadores tienen una visión primera y más completa del espectáculo que los jugadores, el público presencial y el mismísimo árbitro.

Está pasando en los toros, también. Los viejos aficionados lo comprobamos. El Viti, lo dijo en Madrid hace poco. Vemos mejor las corridas desde la casa que asistiendo. Así nos privemos de la emoción colectiva irreemplazable del participar en la ceremonia. La televisión en los toros y en todo se nos ha convertido en el ojo de dios.

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